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LA EXPLOSIÓN DEL FULMINANTE

quintaesperita

Actualizado: 22 jul 2020

El 4 de octubre de 1877, un fatídico caluroso y de una gran bajante, volaba por los aires sobre el río Luján, frente a la desembocadura del río Tigre, el más moderno barco de la Armada Argentina: el vapor torpedero experimental “Fulminante”.

Por José Beccar Varela para el Boletín Isleño.


Entre doce y catorce hombres murieron esa jornada (las fuentes difieren en el número) ocho de ellos de origen extranjero. Durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento, el conflicto con Chile por cuestiones limítrofes estaba en uno de sus puntos más álgidos, por lo que no se descartaba un posible enfrentamiento bélico. El tenaz propagandista del poblamiento del Delta, mandó a comprar en 1872 un buque fabricado en Inglaterra que tuviera todos los adelantos de la época necesarios para la guerra marítima. Llegó aquí en 1875 al mando del comandante Hunter Davidson ya durante la presidencia de Nicolás Avellaneda.


El triste día, el barco se hallaba fondeado –y además varado por una fuerte bajante- en la entrada del arroyo bautizado en honor al buque llamado “Fulminante”, al que muchos llaman equivocadamente Gambado. El barco era un taller experimental. Mientras se manipulaban explosivos a bordo, se produjo un incendio, lo que provocó la brutal explosión que terminó con la vida de muchos tripulantes.

Inmediatamente corrieron las versiones de sabotaje, y el presidente Avellaneda mandó realizar prontamente una investigación que culminó con la emisión de un decreto que decía así:



“1º - Que vuelva todo a la Comandancia General de Marina para que encargue a un Gefe (sic) caracterizado de la Armada Nacional la formación de un sumario sobre el siniestro de que da cuenta, recomendándole la mayor brevedad en el procedimiento, en cuento ello sea compatible con el esclarecimiento de la verdad, para poder hacer efectivas las responsabilidades que correspondan.

2º - Que sin perjuicio de los demás incidentes que surjan o puedan surgir del sumario éste será encaminado a la averiguación de lo siguiente que es sustancias:

Primero: Si el buque fue abandonado por los Oficiales y por la tripulación, después de agotarse todos los esfuerzos para salvarlo o para aminorar la magnitud del desastre.

Tercero (?): Si desde que tuvo lugar la primera explosión, a las 12, hasta las 5 en que voló la Santa Bárbara, nada fue posible hacer para evitar el incendio.

Cuarto: Si las tripulaciones de los buques en desarme, ocurrieron oportunamente en auxilio del buque incendiado.

Quinto: Que se haga saber al Ministerio de Relaciones Exteriores, a los efecto que haya lugar, la participación que tomó la Cañonera italiana “Constanza”.

Avellaneda – A. Alsina”.

El Fulminante era una máquina de las más modernas de la época surgida del núcleo de la industria mundial, que era Inglaterra. La ficha técnica dice que tenía un “desplazamiento 620 toneladas. Eslora 55 metros; manga 9 metros; puntal 5 metros; calado medio 2,28 metros. Propulsión: Máquinas compound con una hélice. Casco de hierro, proa lanzada y popa elíptica. Aparejo de goleta de dos palos. Velocidad 10,0 nudos. Combustible: carbón con 80 toneladas de capacidad.

Armamento: Depósito de torpedos no automóviles sino de botalón, colocados en dos lanchas a vapor que poseía a tal efecto. También tenía "torpedos de fondo" (o minas submarinas). Los torpedos eran de bronce cargados con 65 libras de dinamita y colocados en la punta de un botalón de hierro de 8 metros de largo. Tenía también dos ametralladoras Hotchkiss montadas en explanadas para maniobras de proa y popa, de 8 cañones cada una. Tripulación: 10 oficiales y 42 tripulantes.”

Hubo un gran operativo para intentar salvar las lanchas salvavidas que quedaban en el Fulminante, con mucho riesgo para quienes se acercaban por la posibilidad de que hubiera más explosiones. Se intentó echar a pique el barco para apagar el incendio, pero el agua baja lo impidió. Otros vapores que se hallaban cerca realizando tareas conjuntas fueron llevados a más de diez cuadras río Luján abajo.

La conmoción en el pago de Las Conchas fue tal que todo el pueblo acudió a la costa a observar el espectáculo del fantástico barco en llamas.

Ya envuelto por completo en el fuego, sólo se veía orgulloso el pabellón nacional flameando hacia el sur sacudido por el fuerte viento norte de aquella jornada.

El diario La Prensa publicó el día después:

“…Entre tanto nuestros oficiales habían salvado ya unos botes de los que el “Fulminante” tenía colgados.

El Juez de Paz de las Conchas, señor Pavía, vio de la azotea que la bandera nacional seguía flotando a popa del buque en medio de las llamas.

Entonces, en son de broma, empezó a hablar de quien iría a traerla, o de quien no iría. Alguno de los que allí estaban se adelantó diciendo que si le daban diez mil pesos él la arrancaría. Pero como el Juez de Paz bromeaba el ofrecimiento quedó en nada.

A la sazón un vecino de las Conchas, argentino, llamado Juan Gamba, hombre aún joven y de muy pocas palabras dijo en voz alta:

-“Yo voy a traer de balde mi bandera”…

Eran las 4 y 10 de la tarde, se espera por momentos la explosión de la Santa Bárbara y todos creyeron que Gamba hablaba de más.

Pero cual no sería la sorpresa de todos al verlo lanzarse a una pequeña canoa y bogar con arrojo y brío hacia el “Fulminante”. Todos lo seguían ansiosos hasta que se perdió de vista. Apenas desembocó al Luján el que se creía solo sintió más fuerte su espíritu. El “Fulminante” no estaba solo. Velaban su sangrienta y lúgubre agonía dos botes con la bandera nacional. En ellos estaban Ramirez, Cabassa e Iturrieta con sus subalternos. El hombre de la canoa avanzó con serenidad, llegó a la popa del “Fulminante” y vió que el asta bandera ardía ya. Se empinó y colgándose de la bandera la arrancó de raíz con el asta, volviendo a las Conchas entre los vítores de los oficiales que lo habían visto y el vecindario que no creyó en su valor. La concurrencia de espectadores lejanos lo llevó en triunfo al Juzgado de Paz, donde fue depositada la bandera.”

Juan Gamba se convirtió en el héroe de la tarde (¿tendrá algo que ver con el arroyo Gambado?) y fue ovacionado por la concurrencia pueblerina mientras alzaba en alto la bandera argentina que había salvado de las llamas.

El Auditor General de Guerra y Marina, doctor Cosme Beccar, expresó su admiración por el valor de este paisano en su dictamen del 14 de diciembre de 1877 que obra en las actuaciones del sumario que se siguió tras la explosión:

“Es digno también de honrosa mención el individuo que arrancó la bandera del buque, viniendo a ello ex profeso, minutos antes de volar; pues aún cuando ella debió desaparecer con el buque en que flameaba, fue un sentimiento errado pero heroico, el que inflamó el espíritu del vecino que fue quizás a sepultarse pero a intentar salvar la bandera de su patria cuyo honor él creía comprometido.”

El sabotaje nunca pudo ser demostrado, aunque la versión sigue corriendo hasta hoy. Se inició un sumario lleno de detalles interesantes pero que sería imposible consignar aquí, en el que se emitieron sentencias de castigo y condecoraciones al valor de los tripulantes del malogrado Fulminante.


El presidente Avellaneda emitió el siguiente decreto:

“EL PRESIDENTE DE LA REPUBLICA

Resuelve:

1º.- Que se haga saber al Capitán Davidson y al Ingeniero Harvey, la irregularidades que aparecen en esta investigación, para que tomen incidencias que eviten su repetición en casos análogos.

2º.- Que se pongan inmediatamente en libertad a todas las personas detenidas con motivo del presente sumario.

3º.- Que se aperciba al Capitán Damon por su inacción durante el intervalo que medió entre las dos explosiones, sin atender a más responsabilidad, teniéndose presente la circunstancia enunciada en el 6º considerando de la vista Fiscal.

4º.- Que el contramaestre del “Fulminante” por la consideración aducida a fs. 196 vuelta, y atenta su propia declaración, sufra un arresto de 15 días en uno de los buques de la Armada.

5º.- Que el Guardia Marina don Santiago Borzone sufra un mes de arresto a bordo de un buque de la Armada, por estar convicto de haber faltado a la verdad contra sus superiores.

6º.- Que el mismo Guardia Marina sea agraciado con una demostración después de cumplir su arresto, en recompensa de su comportamiento valeroso.

7º.- Que se haga saber por la Comandancia General de Marina, que los Gefes (sic) de los buques en desarme, Teniente Coronel D. Ceferino Ramírez, Capitán D. Juan Cabassa, Sargento Mayor D. Lázaro Iturrieta, el Guardia Marina Pérez, el Subteniente Aguirre, el Ayudante Biancarlos y las tripulaciones de dichos buques han cumplido digna y valerosamente con su deber.

8º.- Comuníquese a quienes corresponda y publíquese.

(firmado) AVELLANEDA”

Nosotros, a ciento treinta y tres años de la explosión, cumplimos con la orden del presidente, y publicamos aquí la historia del “Fulminante” y del valeroso Juan Gamba.

 
 
 

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